Pergaminos, manuscritos, libros antiguos... todos tienen en común un
olor característico y el color amarillento de sus páginas. Los
científicos saben desde hace tiempo que este amarilleamiento se debe a
que la celulosa,
principal componente del papel, se oxida con el tiempo. Sin embargo,
hasta ahora no se sabía en qué parte de esta molécula se producía el
cambio de color. Un estudio publicado en Physical Review Letters resuelve el misterio.